
Amanezco entumecida, después de una larga noche de risas, drogas y mucho alcohol.
Una absurda tarde más de domingo.
Respiro profundo, busco, rebusco por todos los conductos que me llevan a los cientos de imágenes, segundo a segundo, infinitas visiones, sin aliento me atropellan y se que no puedo escapar, el delirio y la incertidumbre me golpean y se que inevitablemente volveré a ti, a tu boca, a tus manos.
Atrapada por una pasión desbordante, desconocida.
Recuerdo tardes, noches de agónico placer, de múltiples orgasmos, de humo, de sudor, de música penetrando por cada poro de mi piel y tú enseñándome tanto, todo lo que deseaba aprender, recorriéndome, licuándome, enloqueciéndome, mi alma descomponiéndose lentamente entre tus manos haciéndola tuya, no era suficiente entregarte mi cuerpo, tenias que robarme el alma.
Imágenes de una pasión brutal, intensa, imágenes extenuantes.
El tiempo se detenía en la habitación en penumbra goteando sensualidad y lujuria, lubricidad.
Salvajes, entregados. Minuto a minuto hasta el éxtasis, el temblor abrazándonos, percibiendo la singularidad de ese ínfimo instante en que tocas el cielo, cuando ya nada volverá a ser igual, jamás.
Átomos de irrealidad envolviéndome, como un sueño.
No lucharé más, solo cabe aceptar una rendición sin victoria, mi cuerpo te pertenece. Aunque mi alma necesita cosas que tú ni siquiera imaginas.
Tarde de domingo en la que siento en mis hombros el peso de tantas historias.
A veces preferiría no sentir tanto, volver a la simplicidad del ayer si alguna vez fue simple.