
Después de creer firmemente que puedo con todo.
Que tengo la piel dura como el cuero, el corazón estanco a todo tipo de filtración subversiva, consciente de que se en que tipo de aguas navego y convencida de que no importa si la travesía me lleva por esos parajes siempre soñados, pero desconocidos.
Aunque frágil y sensible, imprudentemente valiente me embarco en un loco viaje por un mar misterioso e imprevisible.
Guiada por el instinto, con la voluntad de disfrutar de la experiencia sin tener ningún puerto al que llegar, llevada por un espíritu infatigable, necesitado de vivir al límite, arriesgando en cada ola, luchando contra el viento racheado, envuelta a veces por la bruma.
Disfrutando del azul, de todos los brillos y oscuridades, de la tibieza de los rayos del sol en cada amanecer, de la salitre en el pelo, del salvaje escenario sin limites. Deleitarte en el silencio.
La noche fue relajante, los miedos me olvidaron una vez más.
Hoy amaneció despejado hasta el mediodía.
Izado el velamen, pongo rumbo a lo desconocido, de repente el cielo se ha cubierto de oscuras nubes, la luz del sol se ha desvanecido, un relámpago a lo lejos, agua resbalando por mis mejillas, mis pupilas indagan todo atisbo que me conduzca a ti, que me acerque a ese espacio donde tu imagen prevalece, toda mi piel nombrándote.
Mañana volverá a amanecer, volverá a bañarme la luz del sol.



